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La
realización del fresco precisa una gran preparación técnica
y no permite rectificaciones, ya que éstas se hacen muy evidentes.
Se emplea la sinopia, es decir, un dibujo preparatorio sobre el revoque
que permite fijar los contornos y marcar las jornadas en las que se realizará
la obra. Su origen, con variaciones en la técnica, hay que buscarlo
en las culturas pinturas antiguas del Próximo Oriente -Mesopotamia,
Asiria- y del Mediterráneo -Creta, Grecia y Roma-, encontrándose
también ejemplos en China y en la India. Sin embargo, es a partir
de Bizancio cuando adquiere una importancia capital que se acrecentará
en los períodos románico, gótico y renacentista.
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